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¿Para qué sirven las emociones negativas?

Todas las emociones tienen una utilidad adaptativa, ya que favorecen la autodefensa y la supervivencia. Sin ellas, aunque supiésemos lo que hay que hacer, no lo haríamos, puesto que nos mueven a la acción.

Funcionan entonces como señal de alarma, nos dicen ante determinadas situaciones, que debemos movilizarnos, ya sea para mantener ese comportamiento o para cambiarlo. A partir de ahí,  introducimos el pensamiento racional, y elegimos cuál será la acción más adecuada.

La “señal” referida a emociones positivas (Alegría), nos indica la utilidad de mantener o repetir la situación o comportamiento que la ha provocado. Ej: alegría provocada por una muestra de afecto.

Sin embargo, nos resulta más complejo encontrar una función para las emociones negativas, ya que generan un malestar, y tratamos de que desaparezcan cuanto antes a través de estrategias de evitación o negación sin pararnos a reflexionar sobre ellas.

Pero entonces, ¿para que sirven las emociones negativas? Vamos a hacer un repaso de las emociones negativas, los elementos o situaciones que las suelen provocar, y las funciones que tienen tanto para nosotros como para el entorno.

  • La ira. Es común sentir ira cuando se frustra algún objetivo que nos hayamos planteado, o cuando estamos en desacuerdo con algo. Las funciones de la ira se encuentran relacionadas con la protección y defensa de la integridad propia, de las personas que valoramos, y de los bienes y posesiones. Además, en el ser humano, también se encuentra relacionada con la defensa de las creencias, los juicios y los valores. Podríamos decir que nos animan a activarnos para realizar futuras acciones, así como a defendernos de posibles ataques.
  • La tristeza. Esta emoción puede aparecer ante la pérdida de algo o alguien que es valorado por nosotros. También cuando alguien no se siente eficaz o capaz de solucionar algún problema o situación. En este caso, la tristeza nos está advirtiendo de que debemos reflexionar. Permite que la persona haga introspección, realice un análisis personal acerca de su situación, su futuro y su vida en general. Por otra parte también suscita compasión, empatía y atención en los demás, con lo que es interpretada como una petición o demanda de ayuda hacia las personas cercanas.
  • El miedo. El miedo suele surgir ante la percepción de riesgo o de una amenaza. El miedo es la emoción más primitiva, encontrándose asociada a la principal finalidad de cualquier ser vivo: la supervivencia. Tiene como función la adaptación, es decir, una persona que tiene miedo, toma conciencia de la dificultad de la situación y de lo que puede perder, y como consecuencia de esta valoración, la persona decide escapar, o enfrentarse a la situación.
  • La culpa. Aparece ante la percepción de haber cometido algún error. Su función es animar a la persona a poner en marcha acciones que intenten reparar el daño, al mismo tiempo que nos hace reconsiderar la forma en la que actuaremos en un futuro. Se podría decir que generalmente los sentimientos de culpa provocan deseos de confesar, pedir perdón, reparar el daño causado, así como de actuar de un modo diferente en el futuro.
  • El asco. Se produce cuando percibimos algo nocivo o que supone un riesgo para nuestra salud, y su función sería la de alejarnos de esas condiciones ambientales potencialmente dañinas.

En definitiva, podríamos decir que aunque en un principio las emociones negativas generan un malestar evidente, son causantes de ciertos problemas psicólogicos u otras complicaciones en algunos casos, su objetivo sería el de movernos a la acción para garantizar la preservación y mejora de nuestra salud y bienestar.

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Sergio Asunción Martínez
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